Es ingeniera en ciencias de la educación con especialización en divulgación científica para públicos infantiles. Ha diseñado talleres para niños entre 6 y 12 años en Guatemala.
La curiosidad es el motor del aprendizaje. Cuando un niño pregunta “¿por qué…?”, está comenzando un proceso científico: observación, hipótesis, experimentación, reflexión. En un mundo que avanza rápidamente en ciencia y tecnología, fomentar este tipo de pensamiento desde la niñez es una inversión en su futuro.
El Museo de los Niños de Guatemala es un espacio donde la ciencia deja de estar en libros y se convierte en experiencia: exhibiciones interactivas que permiten manipular, comprobar, fallar y volver a intentar. Según su historia, el museo se fundó para promover educación mediante ciencia, tecnología y valores humanos.
Como padre, puede ver la visita no solo como recreativa, sino como complemento al aprendizaje escolar: el museo refuerza lo que el niño aprende en el aula, de una forma atractiva.
Despertar la curiosidad científica desde pequeños es clave para que los niños se conviertan en ciudadanos activos, informados y capaces de afrontar los retos del siglo XXI. El museo es una plataforma privilegiada para ello — y los padres tienen un rol decisivo: acompañar, preguntarle, animarle a explorar.