Licenciada en Educación Infantil con más de 10 años de experiencia en talleres de aprendizaje lúdico en Guatemala. Actualmente colabora con instituciones educativas para fomentar metodologías de juego y exploración en niños de 4 a 10 años.
La infancia es una etapa de exploración, curiosidad y descubrimiento. En ese sentido, el juego no es un simple entretenimiento: es la herramienta principal mediante la cual los niños construyen conocimientos, desarrollan habilidades sociales, motrices y cognitivas, además establecen relaciones con su entorno. En el contexto de Guatemala, donde los recursos educativos pueden ser dispares entre comunidades urbanas y rurales, es aún más relevante promover espacios que combinen diversión y aprendizaje.
El Museo de los Niños de Guatemala (ubicado en la Ciudad de Guatemala) ofrece justamente ese tipo de experiencia: un entorno donde los niños “aprenden jugando”. El museo abrió sus puertas el 1 de febrero del 2000 gracias a la iniciativa de la Fundación para la Educación, la Cultura y el Desarrollo Integral del Niño (FUNDECI), para gestionar un espacio que integrara ciencia, tecnología, valores humanos y aprendizaje activo.
Visite el museo junto a su hijo o hija y conviértalo en una conversación: ¿qué descubrimos? ¿qué nos llamó la atención?
Luego de la visita, proponga una actividad en casa relacionada: por ejemplo, cómo funciona un imán, construir una torre con bloques, dibujar lo que le pareció más curioso.
Reflexione con el niño sobre lo que aprendió: ¿qué fue fácil? ¿qué fue difícil? ¿qué le gustaría explorar más?
El museo, al ofrecer un ambiente de aprendizaje distinto al aula tradicional, crea una alternativa que motiva a los niños y contribuye a que valoren el conocimiento desde pequeños. Esto significa que los padres y madres que buscan oportunidades enriquecedoras para sus hijos tienen un aliado concreto.
Invertir tiempo en el juego, en entornos diseñados para aprender jugando —como los del museo— es invertir en el futuro del niño, en su curiosidad, en su confianza para explorar el mundo. Como padre o madre, acompañar esa exploración es tan importante como el propio momento del juego.